Hurricane Hunters


Transcript

Radio from aircraft:
John, how far north are we going to be going on the, uh, northbound track?”
“108 miles north of the eye”
“Ok – great.”

NARRATOR:
The job of a hurricane hunter is not for the faint at heart.  These brave men and women must fly straight into one of the most destructive forces in nature.

Hurricanes are born over the open ocean, and while satellites can track their movement, meteorologists and researchers need to sample the storms directly to get the most accurate information about them.

NOAA's hurricane hunter fleet includes two P-3 turboprop aircraft as well as a Gulfstream IV jet. The P-3s fly through the storm, encountering devastating winds that can be over 150 miles per hour. The jet can fly higher than the turboprops, gathering data from the upper atmosphere. 

Both planes have high tech equipment on board to get the job done, like radar and fixed probes that measure particles in the air.

Scientists also deploy dropwindsondes, which parachute down through the hurricane to the ocean surface, sending back data on pressure, temperature, humidity, and wind.

These measurements can help us understand the structure of a storm and the winds that are steering it.  The data is used in computer models that help forecasters predict how intense the hurricane will be, and where and when it will strike land.

Hurricane hunters take a literal look into the eye of a monster formed by nature.  Their courage helps further science, which saves lives.

Transcripción

Radio comunicación desde aeronave:
 "John, ¿Qué tan lejos vamos a ir sobre la… eh, pista dirección norte?"
"174 kilómetros al norte del ojo"
“Ok, estupendo”

NARRADOR:

El trabajo de un cazador de huracanes no es para los débiles de corazón. Estos valientes hombres y mujeres deben volar directo a una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza.

Los huracanes nacen sobre mar abierto, y mientras los satélites siguen sus movimientos, los meteorólogos e investigadores examinan directamente a las tormentas para obtener la información más precisa acerca de ellos.

La flota caza-huracanes de la NOAA está formada por dos aviones turbohélice P-3, así como un jet Gulfstream IV. Los P-3 vuelan a través de la tormenta encontrándose con vientos devastadores de más de 241 kilómetros por hora. El jet puede volar más alto que los turbo propulsados, reuniendo información de la atmósfera superior.

Ambos aviones cuentan con equipos de alta tecnología a bordo para realizar el trabajo, como radares y sondas fijas que miden las partículas en el aire.

Los científicos también despliegan sondas de viento, que lanzan a través del huracán hacia la superficie del océano, devolviendo datos sobre presión, temperatura, humedad y viento.

Estas medidas pueden ayudarnos a comprender la estructura de una tormenta y los vientos que la dirigen. Los datos se utilizan en los modelos computacionales que ayudan a los meteorólogos a predecir la intensidad que presentará el huracán, dónde y cuándo impactará tierra.

Los cazadores de huracanes literalmente echan un vistazo en el ojo de un monstruo formado por la naturaleza. Su valentía ayuda además de la ciencia, a salvar vidas.